LITURGIA DE LOS LIBRES

Confesé mis pecados de rodillas,
pero brotaron como divertidas anécdotas,
historias que encendieron la estancia
mientras el eco de la culpa se disolvía.
​Intenté arrepentirme, lo juro,
pero al mirar atrás en el oscuro pasillo,
terminé contando mis libertinajes
como si fueran hermosas aventuras.
​Yo, que recorrí labios como caminos
y cuerpos como mapas olvidados;
yo, que fui infiel, que fui conquistador,
¿cómo podría ahora temerle al infierno?
​Si allá abajo, en el fuego y la penumbra,
estarán los que encendieron la tierra,
aquellos que no pidieron permiso
y disfrutaron la salvaje aventura de vivir.
​¿Cómo pensar que Lucifer, el indómito,
va a obedecer a Dios para castigarme?
Si el mismo Diablo prefirió el abismo
por la pura libertad de ser y de pensar.
​No hay terror en mi epílogo,
ni llanto en este juicio que inventaron.
Yo, que en este mismo arrepentimiento
me divierto, me encuentro... y lo disfruto

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