Te contemplé en silencio, con la calma
del que sabe que el tiempo es un artista.
Me gustabas con creces, desde el alma,
y te esperé sin prisa en mi lista.
No quise el fruto verde ni incompleto,
ni la timidez de un capullo cerrado;
esperé por meses tu esplendor secreto,
el momento exacto, el tiempo sazonado.
Anhelaba el despliegue del pavo real virtuoso,
con todo el plumaje de vivos colores,
nada a medias, nada temeroso,
sino el estallido pleno de tus esplendores.
Y justo cuando el viento enfrió mi confianza,
cuando la duda marchitaba el sendero,
y casi perdía la última esperanza...
apareciste en el fondo, con brillo certero.
Tú, a quien tanto había reservado,
en lo más hondo de mi huerto escondido,
me diste tu mejor flor, tu fruto más amado,
al mejor jardinero que jamás habías tenido.
Comentarios
Publicar un comentario