EL LABERINTO DEL REPROCHE


​No estoy acostumbrado al amor,
lo mío es habitar la intemperie de tus largas ausencias.
Me he vuelto experto en tus desprecios,
en el frío perfecto de tus silencios calculados,
en el eco de que me niegues ante el mundo,
como quien oculta un error que le avergüenza.
​Me acostumbré a quedarme al margen,
a ver de lejos cómo tu risa florece con amigos,
mientras para mí guardas la puerta cerrada
y el pretexto siempre listo para no salir conmigo.
Estoy acostumbrado a que a mis espaldas, en tu sobremesa,
te rías de mí y mi nombre sea la burla de tu círculo social.
​Pero sabes... yo era libre.
Era dueño de mi propio viento
y te entregué mi libertad entera en busca de tu amor.
¿Y qué obtuve a cambio?
Ahora sufro de una inmensa soledad a tu lado;
aquí hay calor, hay un techo,
pero hasta los huesos se siente la marea de tu frío.
​Sé bien el guion que me has escrito:
para ti no soy el hombre al que se le entrega el alma.
En tu historia, soy el monstruo que habita las sombras,
el mentiroso, el infiel, el que no cumple sus promesas.
​Hoy eres feliz saboreando tu venganza,
pero dime... ¿de quién te vengas realmente?
Si fuiste tú, desde el primer día,
quien me vio menos.
​Al final, irme o quedarme da igual,
la soledad me acompaña desde siempre.
Volaré muy lejos,
y tal vez en mi libertad extrañe ese maldito deseo
de que un día verdaderamente me ames.
Sí, seré libre otra vez...
pero no seré feliz en libertad.

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