EL FILO DEL CANSANCIO


No me tientes, amor, que estoy cansado,
con el alma rindiéndose al olvido;
a veces siento el frío del pasado,
un eco de lo que antes hemos sido.

Siento que ya no estás, que no me escuchas,
que tus ojos no buscan mi mirada;
se acabaron los besos y las luchas,
y la palabra tuya está callada.

Ya no platicamos como solíamos,
el disfrute se ha vuelto una rutina;
y aquel fuego que un día encendimos,
hoy es una distancia que lastima.

Mi infidelidad hoy es tu bandera,
es tu acoso constante, tu reclamo;
ya fastidia mis oídos la manera
con la que intentas demostrar que no te amo.

Y por muy bella que seas ante mis ojos,
muchas veces el alma se me aburre;
se vuelven fastidiosas tus promesas,
mientras el tiempo en el silencio escurre.

Yo te quiero, es verdad, no te lo niego,
y mucho te he soportado en este viaje;
pero no juegues más con este fuego,
ni desafíes mi último coraje.

No me tientes, amor, no te equivoques,
no me retes diciendo: “¡Abandóname!”.
No provoques que el hilo se te rompa,
ni con falsos adioses me reclames.

Porque un día de estos, tenlo por seguro,
cuando menos lo pienses ni lo sientas...
Te tomaré la palabra en lo oscuro,
y se irá para siempre tu tormenta.

Mi paso dejará la casa abierta
al silencio absoluto de tu frío;
pero no te preocupes, amor mío,
que al salir... tras de mí cierro la puerta.

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