EL CAFÉ

Tú que pensaste que no me podía preparar un café,
que verías mis manos temblar ante el fuego,
te equivocaste al mirarme y juzgar al revés,
pues domino este ritual como si fuera un juego.

​El grano molido, el agua en su punto ideal,
el aroma que sube y conquista la casa entera;
hoy me sirvo la fuerza en una taza total,
demostrando que puedo vencer cualquier barrera.

​Si yo te pedí un café, nunca fue por la bebida,
ni por falta de ganas o de destreza mía;
lo busqué como excusa en medio de la vida,
porque solo necesitaba un minuto de tu compañía.

​Pero no me entendiste, amor, te ganó el orgullo,
y te creíste más de lo que en verdad debías;
cambiaste un momento que pudo ser tuyo y mío,
por la soberbia ciega de tus falsas alegrías.

Comentarios