NORA

Nora,
voy a extrañar tus gritos por la mañana,
el estallido puntual de tus mentadas de madre
que despertaban al sol antes de tiempo.
Extrañaré esa fuerza descomunal
con la que le gritabas a la vecina:
*¡Vete a la mierda, levanta tu maldita podredumbre!*
*¡Aleja tus aguas negras que van a terminar matándome!*
No sé si ese enemigo es real, Nora,
no sé si el río de aguas negras existe
o si solo corre en los laberintos de tu mente.
Pero lo que sí es real es tu furia,
un volcán resguardado en tu frágil silueta.
Porque en tu pequeño cuerpo, Nora,
viven unos grandes, inmensos pulmones
capaces de levantar en peso a toda la cuadra
cada vez que te levantas y reniegas de la vecina.

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