Te miro:
caminas y me ignoras.
Tus pensamientos se encuentran ahí,
donde juras que ya no están,
pero sé que están con él.
Le dedicas canciones
—aunque pienses que lo ignoro—
y le gritas al mundo
que él ya no es nada en ti;
quieres que te miren sonriendo,
que piensen que sin él eres feliz.
Un día,
al sonar de tus tacones,
recordarás una canción;
sin pensarlo,
como un susurro,
de tus labios brotará.
Todos, incluso él, te verán feliz.
Solo yo sabré que no lo eres,
que en tu alma hay tristeza
y que por las noches
las lágrimas humedecen tus sueños.
Pero ya no estaré ahí para consolarte.
Entonces seré tu ex:
aquel que esperó pacientemente a que lo amaras,
mientras los demás...
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